¿De dónde ha salido esto?

No puedo soñar porque las pesadillas no me dejan en paz,
cada día intento huir de ellas pero mis intentos no han servido jamás.
No puedo soñar porque las pesadillas me confunden con maldad,
cada día intento ser más lista que ellas pero su inteligencia es descomunal.
Algo me dicen pero no puedo acordarme de más,
puede que me digan que nunca pare de soñar,
tal vez por eso las pesadillas forman parte de mi verdadero ser,
aunque a veces no creo en ellas como creen saber.

 

Un cuento que narraba la madre de Nathan y Leandro cuando estos eran pequeños. ¿Es para niños seguro?

Un gato llamado Tánatos

Hace mucho tiempo, en un siglo donde la ciencia y la tecnología comenzaron a devastar sin piedad a todo los seres racionales e irracionales, donde la esclavitud corpórea finalizó en diversos países confortando a una esclavitud más eficiente, de naturaleza abstracta, que poco a poco ha ido extendiéndose por todo el mundo por su admirable efectividad, bajo todos esos sucesos había un niño de familia acomodada y sonrisa apagada que sobrevivía gracias a la sombra de un pueblo olvidado. El muchacho se sentía incomprendido respecto al resto de sus compañeros, e incluso de los adultos. Nadie quería estar con él, tal vez fuese por sus rarezas, o tal vez porque no pensaba como los demás, vete a saber. Su único compañero de juego era un gato callejero llamado Tánatos. ¿Por qué se llamaba así? Sinceramente no lo sé, puede que aquel niño le pusiera ese nombre, ya que le encantaba la mitología griega, es una posibilidad. ¿Cuándo se conocieron? Tampoco puedo responder a esa pregunta. Por cierto el niño se llamaba Morfeo. “Pobre chiquillo, casi se me olvida mencionar su nombre”.

Dicen que cada gato posee una única personalidad al igual que los humanos, por lo tanto cada felino es diferente respecto al resto, sin embargo las personas no son diferentes respecto al resto, dato curioso no lo olvides. A Morfeo no le gustaba ningún deporte, ni verlo, ni practicarlo. Apenas jugaba con los de su edad porque para él era una perdida de tiempo, no podía evitarlo, pretendía aprovechar el tiempo al máximo para algo que solo él conocía. Sus padres hacían todo lo posible para que Morfeo fuese como los demás niños. Socializaban con otras parejas con el objetivo de que Morfeo se hiciese amigo de sus hijos, le apuntaban a varios equipos deportivos (menos mal que dijimos que los deportes no le gustaban) etc. Aún así Morfeo seguía siendo él mismo. Sus padres llegaron a tener miedo de su propio hijo e incluso varios compañeros de clase compartieron ese mismo sentimiento. ¿Miedo por qué? Si no hacía nada malo a nadie. Ni los regalos materiales poseían valor alguno para el chico, utilizarlos era una perdida de tiempo.

Un día la maestra, lógicamente iba a la escuela como cualquier niño, le hizo a toda la clase una pregunta semanas antes de comenzar las vacaciones de navidad: ¿qué regalo queréis que os traigan los Reyes Magos? Morfeo contestó: quiero que me regalen un poco más de tiempo. Todos sus compañeros le miraron a través de un mismo ojo, incluso la educadora. En el último día de clase la maestra quiso establecer una entrevista con los padres de Morfeo. Ella se preocupaba por su alumno, eso está muy bien, pero no siempre tiene porque ser malo todo aquello que no entendemos. Tanto la docente como los padres eran conscientes de la falta de comunicación que Morfeo establecía con sus compañeros y adultos. Hace varias semanas le pregunté a mis alumnos que querían ser de mayores y vuestro hijo me contestó: yo quiero ser Morfeo.

Mantuvieron una larga conversación sobre Morfeo, no obstante nada hicieron. ¿Qué podían hacer? No hay mayor sordo que el que no quiere escuchar. Aunque, ¿y si quería escuchar? ¿a lo mejor eran todos los demás los sordos? Insisto, no hay mayor sordo que el que no quiere escuchar.

La relación con sus abuelos era bastante favorable, siempre que los veía escuchaba todas sus gestas del pasado. Los ojos de su nieto brillaban cada vez que oía aquellas historias, narraciones que según sus padres eran muy fantasiosas, pero Morfeo no era nada tonto, sabía que dentro de esas fantasías se ocultaban realidades. Solo había que encontrarlas.

Entonces, si Morfeo escuchaba esas memorias eso quería decir que sordo no estaba, de modo que eran los demás. Es una posibilidad, no puedo darle la razón ni quitársela, lo que sí puedo afirmar es que no es necesario oír para escuchar.

Bueno, como he dicho anteriormente Tánatos era su único amigo, ambos se comprendían mutuamente. Cuando se miraban con detenimiento daba la sensación de que contemplaban un mismo reflejo. Sus padres desconocían la existencia del gato, el animal sabía cuando debía hacer acto de presencia, era muy listo. Por cierto, su pelaje estaba cubierto por tres colores de tonos apagados al igual que sus ojos. Morfeo a veces se preguntaba cuál era la historia de aquel gato, ya que joven no era, pero tampoco era viejo. Había vivido más que el chico, de eso estaba completamente seguro. Aquella incógnita no podía ser respondida por el felino, por lo menos a través de su boca, sin embargo su mirada podía dar pistas sobre su pasado. Los relatos silenciosos de Tánatos era lo que más le gustaba a Morfeo de su amigo.

Durante sus ratos libres, como odiaba esa denominación, Morfeo se dedicaba a pasear por el pueblo junto con Tánatos, este sostenía siempre un ritmo de transito distinto al del muchacho. ¿Dejaban sus padres a su hijo pasear solo por la calle? Por supuesto. El pueblo era pequeño y todos los habitantes aparentaban que se conocían. Una de las vecinas, viuda por cierto, debido a que alguien mató a su marido y nunca se supo quién, siempre señalaba al gato cuando pasaban delante de su arcaica morada y exclamaba: ¡ese gato tienes tres caras! ¡el demonio vaga por nuestro pueblo!

Morfeo no hablaba con nadie solo se limitaba a observar a los demás, eso era un problema, miraba demasiado. Por ese motivo comenzó a odiar a la humanidad. Tánatos era consciente de ello, no lo decía, pero lo sabía. Desde entonces sucedieron una multitud de sucesos bastantes extraños a los habitantes del pueblo.

Una aglomeración de insectos y avispas invadieron el pueblo, y eso que era febrero. El centro de salud se colapsó por la multitud de picaduras que recibieron los pueblerinos. Dos días después se produjo una tormenta infernal que se llevó a más de uno por delante. Tres días después cayó una lluvia de granito que destrozó varios coches, tejados y algunas cabezas. En ese mismo día los perros perdieron la cordura y atacaron a sus dueños. Cuatro días después numerosos pedruscos de tamaño considerable procedentes de la cima de la montaña cayeron en diversos lugares del pueblo. Varios edificios junto con sus inquilinos sucumbieron durante la colisión, para quitarlas de allí todos los pueblerinos tuvieron que cooperar por medio de sus manos. Cinco días después el río inundó todo el pueblo provocando más destrozos y muertes. Seis días después llegó una calor opresor que ocasionó una multitud de asfixias. Siete días después surgió una encarnizada lucha entre todos los supervivientes del pueblo por la falta de recursos y desatenciones médicas debido a la saturación que sostenía el centro de salud.

La última tragedia se produjo ocho días después, un sábado de marzo, el pueblo fue apisonado por la incendiaria epidermis del hielo. Las carreteras estaban completamente cortadas, por lo tanto no se podía salir de allí. La gente que había perdurado fue muriendo a través del gélido tacto de la muerte, el pueblo se convirtió en un cementerio de escarcha. Olvidado por muchos y recordado por pocos.

¿Y Morfeo? ¿Dónde estaba el niño durante todo ese tiempo? ¿Y sus padres? No lo sé. Lo único que puedo decir es que al poco de congelarse el pueblo donde nació Morfeo, por cierto intento recordar el nombre del pueblo pero mi cerebro está nublado por su misma escarcha, el muchacho se encontraba en un pueblo llamado Joriosa, donde residía su tía. Allí también se veía con su fiel felino y juntos transitaban Joriosa sin abandonar sus peculiares personalidades, porque él era Morfeo y su mejor amigo era un gato llamado Tánatos.

Y colorín colorado este cuento aún no ha acabado…

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Escrito que leyó un día Leandro a saber dónde.

Conversación sin sentido o con sentido
(Según como se mire)

Alberto se encuentra proporcionando alimento junto con su hijo a los dos únicos cerdos de la pocilga. De repente aparece un desconocido.

Desconocido: -¡Buenas tardes!

Alberto: -¡Buenas tardes caballero!

Desconocido: -Quisiera comprarle esos tres cerdos que tiene.

Alberto: -Bueno, en estos momentos solo tengo dos.

Desconocido: -De acuerdo, deme esos tres.

Alberto: -¿Cómo?

Desconocido: -¡Sí! Deme esos tres cerdos que tiene.

Alberto: No, a ver, creo que no me ha entendido. Solo puedo venderle dos, los únicos cerdos que tengo.

Desconocido: Sin problemas, deme esos tres cerdos que tiene.

Alberto: Sigue sin entenderme. Mire la pocilga por favor, hay dos cerdos en ella, son los únicos que tengo, por lo tanto solo puedo darle dos.

Desconocido: ¡Sí! ¡sí! Lo entiendo perfectamente, deme esos tres cerdos que tiene.

Alberto: ¡Caballero! Solo tengo dos cerdos, ¿qué más quiere que le diga? solo puedo darle dos.

Desconocido: Ya, si lo sé. Por eso le pido que me de esos tres cerdos.

Alberto: Tome, cada uno cuesta… 

Desconocido: Solo me ha dado dos.

Alberto: ¡Claro! ¡Le estoy diciendo que solo tengo dos!

Desconocido: Queda el tercero.

Alberto: ¡Qué solo tengo esos dos caballero!

Desconocido: Ya, si lo sé, pero aún le falta darme el tercero.

Alberto: ¡Largo de aquí! ¡Ahora me quedo con los dos cerdos! ¡DOS CERDOS!

Desconocido: ¡Está bien! ¡Por su estupidez ha perdido un cliente! ¡Puede quedarse con sus TRES CERDOS!

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Un agradable paseo por el bosque

Desconozco el momento exacto, ¿acaso importa eso?, de aquella marcha que hizo la madre de Nathan junto con su hijo por una floresta que apenas se podía apreciar su fogoso tono verdoso. La mujer detuvo sus flemáticos pasos junto con la criatura en un árbol cuyas características eran muy singulares respecto a la naturaleza que exhiben los bosques. El árbol poseía unas dimensiones colosales, destacaba entre sus compañeros silenciosos. Su forma, es difícil describirla. Estaba torcida, eso se podía apreciar con facilidad, pero lo verdaderamente llamativo era ese interrogante que le proporcionaba a cualquier ojeador por saber donde comenzaba y donde acababa aquella tétrica torcedura. Su piel, ¿un árbol tiene piel?, aunque suponga una locura es necesario ese sustantivo. Su piel carecía de color, poseía el mismo maquillaje de los cadáveres. Quiero que te fijes en este árbol-indicó la mujer a su hijo. Cuando termines de observarlo quiero que contemples nuestra ciudad.

Nathan realizó los mandatos de su madre sin vacilación y acabó contemplándola a ella. Un niño de seis años que podía entender de aquella intención de su madre, ¿y un adulto lo entendería? Ambos hicieron coincidir sus miradas hasta que la mujer desplazó su vista hacía el árbol. ¿Sabes lo que veo cuando contemplo este árbol y cuando contemplo nuestra ciudad?-preguntó la madre a su retoño sin intención de esperar alguna respuesta. Cuando contemplo el árbol veo sinceridad, es por ello que está muriendo. En cambio, cuando contemplo nuestra ciudad solo veo falsedad, es por ello que está creciendo.

El rostro del niño se paralizó durante unos segundos hasta que un pensamiento lo activó de nuevo. ¿Sabes lo que veo yo mamá?-preguntó Nathan sin intención de esperar alguna respuesta. Cuando contemplo el árbol veo vida, es por ello que está muriendo. En cambio, cuando contemplo nuestra ciudad solo veo dolor, es por ello que está creciendo.

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Capítulo 2

La universidad exhibía unas excelentes vistas para el ojo humano, era oficialmente reconocida como la mejor universidad en cuestión de estética en el país. Toda esa colectividad universitaria estaba orgullosa de ello, gracias a ese reconocimiento se enmascaraba aquella secundaria o terciaria atmósfera del conocimiento. Como todos sabemos la belleza es un elemento fundamental en nuestro días, constantemente somos juzgados por ella. En aquel hermoso espacio verdoso cuyos edificios mostraban un altivo carácter estético se podía percibir una energía hacendada por los animales que toleraban la presencia humana, con sus virtudes y defectos. Las ardillas, las ranas, los pájaros, los patos y las tortugas eran los únicos seres vivos que poseían su Yo inmortal, puesto que los estudiantes eran meras sombras del vigor que infectaban el espejismo que ofrecía aquellos elegantes parajes, producto de un desengaño motivado por la gordura de los vocablos que predican los llamados experimentados y por todas esas falsas historias de universitarios que muestran las películas americanas. Aún hay problemas para diferenciar la realidad de la ficción, y si no que se lo digan al falso heredero del Trono de Hierro. El esperado sueño se había convertido en una pesadilla persistente y lo peor de todo era el fin de esa quimera, ya que provocaba el olvido. Si Rubens tuviese que representar en un lienzo el mundo animal y el humano de aquella universidad no dudaría en plasmar la imagen de Heráclito y Demócrito.

Nathan se hallaba preso en una lúgubre aula con sus respectivos mártires que adornaban el mustio ambiente que se respiraba. El tiempo no procuraba realizar su tarea de avance. Los minutos mudaban en horas y más allá de aquel intervalo se distinguía una perdida en su significado. El predicador recitaba con todo su plumaje diversas presentaciones de Powert Point repletas de palabras concentradas en un pandemónium, sugiriendo un inalcanzable desenlace. Nathan se sentía ofendido por aquella labor, la lectura era una tarea que podía ejercerla por sí mismo.

Tan pronto como concluyó otra sesión más de martirio salió disparado de la facultad con la misma presteza de un preso. Inmediatamente llegó al parque de los patos como era de costumbre gracias a la ligereza que habían adoptado sus pies, como consecuencia de su ansiada voluntad. Se denominaba parque de los patos por la multitud de palmípedos que aderezaban la actividad vegetal. Allí se encontraba su hermano acomodado en un tiento natural que solo podía ofrecerle el tacto de la floresta, junto con Ágatha, Gabriel y Emmy. El grupo formaba un semicírculo que fue consumado en tres cientos sesenta grados con la presencia de Nathan.

¡El nuevo Youtuber!-exclamó Ágatha con cierto tono burlón al reciente miembro del grupo mientras aguardaba una presuntuosa confirmación.

Aquella afirmación de índole satírico reveló la exposición de esa supuesta confidencia que sostenía con su hermano, el grupo ya estaba familiarizado de la nueva empresa que pretendían llevar a cabo. No se lo tomó como una traición, si no como una oportunidad. Ya le he dicho a tu hermano que es una locura-siguió la chica procurando retener un tono más estático. Después de cuatro años pringando en la carrera y ahora que en dos meses acabamos decidís ser Youtubers, entonces ¿para qué habéis estudiado?

En ese momento los recónditos espectadores contemplaron al joven a la espera de una respuesta vigorosa. Las soluciones sagaces forman parte del humor entre masas. ¿Sabes quién es el padre de la literatura inglesa moderna?-preguntó Nathan desconcertando a su público por medio de una respuesta que requería un veredicto.

La pregunta resultó superflua para Ághata por el contexto de la situación, esperaba una resolución y no una pregunta, supuso que se escondía una intención en ella. Shakespeare-respondió Ághata con duda y seguridad mientras el emisor se acomodaba.

Nathan impugnó mediante un sosegado balanceo de su cabeza el dictamen de su compañera, garantizando la autoría de Geoffrey Chaucer como la respuesta correcta al interrogante. Deberías de haberlo sabido, el inglés moderno es el más parecido al actual y una estudiante de filología inglesa tiene la obligación de…-siguió el chico sin mostrar intenciones de cese hasta que fue interrumpido de forma tajante por su oyente. ¿Y tú cómo sabes que es Chaucer?-insistió Ágatha colmada por una entonación paulatinamente brusca. He leído varias obras del autor y…-una vez más el chico no pudo acabar la frase. Porque algo esté escrito no significa que sea cierto, no te puedes creer todo lo que esté impreso-replicó Ágatha sin mostrar ningún tipo de interés por las últimas palabras de su amigo. Bueno, yo no estuve allí para corroborarlo, al igual que muchas cosas que se dicen y están escritas, no queda otra que creérnoslas, o es que acaso has verificado por ti misma que la Tierra es redonda-contestó Nathan sin necesidad de buscar más premisas que lo fortificasen. La creencia va ligada al interés propio, por lo tanto cada individuo aceptará lo que más le convenga. No importan las fuentes, su procedencia, lo prioritario y aquello que marcará una creencia o como quieran llamarlo siempre serán los intereses.

La joven se mantuvo en silencio durante unos segundos, comenzó a resultarle la conversación un tanto confusa y fuera de lugar, tuvo que averiguar la relación que había en todo esto con la primera cuestión de origen. Aquella duda no solamente estaba presente en ella, sino también en los miembros del círculo. El muchacho comenzó a exponer los argumentos que tanto ansiaba su público. La idea de ser Youtuber no interfería en la finalización de sus estudios, opinaba que todos los estudiantes deberían tener más de un proyecto en mente, ya que el fin de una carrera no asegura el empleo de esta. Ya es bastante agotador la vivencia en primera persona de las exigencias de una sociedad que te obliga a elegir prematuramente un futuro, siendo conscientes de que muchas personas a lo largo de su vida longeva no han encontrado aún su sitio. Sabía que eso era un hecho inalterable, por esa razón admitía la forzosa labor de pensar en dos opciones de futuro. No todo el mundo tiene la misma suerte que Gabriel, nombró a su amigo porque una vez terminada la carrera de derecho entraría en el bufete de abogados gracias a las amistades de su padre. El amiguismo es un elemento clave en este país, bueno, exclusivo en este país, permíteme que… Una vez finalizada la carrera eres solo un expediente, la formación que te imparten en cuatro años es nefasta en la mayoría de los casos, no introdujo a todas las carreras en el mismo saco porque no le gustaba generalizar. Por ese motivo le hizo esa pregunta a Ághata, para corroborar una afirmación que conservaba en su mente. Por último reprochó el sistema de automatización social que sustentaban la figura del trabajador y la de su patrón, siempre serás esclavo de este último, la marioneta de algún titiritero. No importa la formación de estos, dado que lo único que dicta una jerarquía es la riqueza. Por lo tanto, hay otro ente más brillante que nuestro astro, sobrepasa la autoridad del amo convirtiéndolo en su fetiche. Discurría en la idea de que el ser Youtuber te proporciona libertad laboral y vital, conceptos reflejados por los sueños de una sociedad.

Inmediatamente después de finalizar el discurso se produjo un sigilo bastante árido, apenas se pudo advertir el lozano contacto de una sutil brisa primaveral. Leandro quebrantó aquel silencio con una proposición; hacer los cinco juntos un canal de Youtube. Una corriente de temple impulsivo comenzó a golpear con ánimo la zona de confort. Con aquella sugerencia se dio terminada la tertulia, sin embargo las palabras de Nathan influyeron en las futuras reflexiones del día de todos los miembros del círculo en relación con la propuesta planteada. Poco a poco se irían extendiendo por todos esos cuerpos rasos hasta llegar al núcleo carmesí de la razón. Los dos hermanos partieron para comenzar el proyecto y sus compañeros marcharon a sus respectivos hogares con el aguijón incrustado.

Capítulo 1

“Todo es posible en la medida que tú creas que es posible”, “Un ganador es un perdedor que nunca se da por vencido”, “No existe camino fácil ni atajos, solo trabaja duro y lograrás tus objetivos”, “El dolor de hoy, mañana será tu fuerza”… estas son algunas de las frases motivadoras que le ofreció Leandro a su hermano Nathan desde la célebre fuente de transmisión del conocimiento. Aquel joven, retrato de una colectividad de mocedades precipitadas, necesitaba un motivo para seguir el pedregoso camino de su existencia. Le resultó ingenioso ese ligamento que sostenían las proposiciones con respecto a esa nueva moda llamada “Fitness”, con ello comprendió que gracias al poder intrínseco de las palabras se puede lograr grandes negocios sin la necesidad de los dogmas. Respetaba ese estilo de vida y lo veía necesario para la salud, pero no respetaba las falsas expectativas que provocaban esos sujetos que se lucran de esa ignorancia que cree en lo imposible.

La verdadera motivación que esgrimía en el ánimo de Nathan eran los dos meses que quedaban para finalizar la carrera, un anhelado final donde se oculta el verdadero génesis. Cursaba Magisterio Primaria, aquel grado tan burlado por esas razas de intelectos superiores que en breves cambiarán el mundo, ese mismo mundo que Platón, Góngora, Descartes, Julio Verne y Nietzsche habían vivido. A este paso no habrá universo suficiente para tantos cambios. Reconocía que su carrera no era difícil, de tantas que hay alguna debe de serla y si magisterio no estuviese a otra se le achacaría la misma fama. No opinaba de los demás estudios porque solo vivía en uno, declarar afirmaciones sobre las vivencias ajenas no era lo suyo. En todos estos años cursados no había aprendido nada, eso le provocaba una frustración constante. Los docentes no le enseñaban el modo de enseñar a un niño, aunque Nathan sostenía la idea de que no existen leyes universales para ello. El ser humano no es una máquina que responde siempre ante un mismo patrón, cada sujeto pertenece a un mundo y para enseñar debes ser invitado a ese cosmos. También hay que ser realista, no puedes pensar que todo el mundo aprenderá gracias a tu don ilusorio. Debes conformarte con la conciencia del intento y aprender de ello. Además, veía incomprensible como varios de los docentes de su universidad daban clases en la facultad de educación sin haber pisado nunca un aula de primaria, como si un “político” te enseñase a solucionar un país sin haber solucionado el suyo “propio”. Como si un desconocido te diese instrucciones para atravesar ese espeluznante camino que nadie se ha atrevido a penetrar incluyendo al extranjero, tan típico en el imaginario de lo maravilloso. ¡Aún te encuentras sumergido en tus reflexiones!-soltó Leandro a su hermano con la descarada tentativa de hacerle volver al mundo de los vivos.

Su cuerpo estaba echado en su lecho, abatido por el vacío, pero su mente se encontraba alejada de toda materialidad. No podía dejar de pensar en su futuro, en aquella variedad de posibles acontecimientos que le podían suceder después de acabar la carrera. Sin embargo conocía la farsa de la contingencia. Sus expectativas en la búsqueda de empleo eran endebles y la hipocresía de su materia conexa a lo cotidiano no estaban a favor de aquellos mohínos pensamientos.

Leandro en cambio opinaba que la vida era una caja de sorpresas, que nunca sabes que contenido oculto te tiene reservado para ti. Puedes acabar una carrera y tener suerte de encontrar rápidamente un trabajo o puede ocurrirte todo lo contrario. Las áreas que son sinónimas del dinero son las que te proporcionan empleo en el actual mercado laboral. ¿Solo actual? El dogma es muy importante en estos casos, debes convertirte en su mejor amigo. No obstante habían más cuestiones que roían en la mente de su hermano, también el sentido del Todo le punzaba en el interior de su alma. Ese Gran Hermano que profetizó George Orwen le ardía constantemente, quería alejarse de ese gobierno imperceptible, pero era consciente de que esos pensamientos eran bagas ilusiones. Ya es demasiado tarde. El objetivo de esos espejismos que reflejan la autoridad y la libertad consiste en crear trabajadores, nunca emprendedores. Eliminándoles paulatinamente el microbio común llamado razonamiento. Contéstame a una pregunta-emitió Nathan una vez que había vuelto de su místico viaje.

Su hermano le observó con cierto recelo a la espera de aquellas interrogantes palabras. ¿Sabrías curar una tendinitis?-soltó sin ninguna vacilación bajo una expresión en su rostro que mostraba el resultado de la respuesta.

La negativa que recibió aquel curioso provocó en él una pequeña sonrisa como resultado de una confirmación ante una respuesta que ya conocía. En dos meses Leandro acabaría la carrera de Fisioterapia y durante cuatro años de ampliación de conocimientos no sabía como tratar una tendinitis. Algo estaba fallando. Tampoco tenía muchas expectativas para su futuro laboral una vez finalizada la carrera, sabía disimular ese ánimo, ya que a diferencia de su hermano él sigue la doctrina de Horacio con su Carpe diem. Se percató del propósito de Nathan con aquella pregunta y por esa razón comenzó a plantearse nuevas opciones de manutención. Gran parte de la independencia de los muchachos se sustentaba con el sueldo que ganaba Leandro como cajero en un supermercado los fines de semana, aunque en muchas ocasiones pedía horas extras a pesar del tiempo que le quitaba a sus estudios.

Cuando Nathan cumplió dieciocho años y Leandro veinte no dudaron en mudarse a una nueva vivienda. Tenían planeado la emancipación en cuanto Nathan llegase a la edad adulta para cumplir con el objetivo del aislamiento familiar. Aunque parezca cruel ese convenio, toda acción y decisión son fruto de una causa, motivos que solo ellos comprenden. Los padres se mantuvieron indiferentes en la separación y no mostraron ninguna aptitud de afecto hacia sus hijos. Estaba claro que aquellas personas fueron padres, si se puede decir que alguna vez lo fueron, debido a las “leyes” de la sociedad.

De pronto el hermano mayor se levantó de la silla impulsado por el vigor de una disparatada idea para asegurarse el pan de cada día, Nathan abrió los ojos interesadamente pero con pocas esperanzas. Ser Youtubers es la solución, nuestro plan b-soltó Leandro la bomba con tono triunfante.

Nathan se sumergió una vez más en modernas reflexiones, pensó que el trabajo de Youtuber implicaba la autonomía, el no ser esclavo de nadie, un trabajo que rompía aquellos grilletes que dictamina una vida en sociedad y con ello quebrar la monotonía de la existencia. Su expresión contestaba la sugerencia de su hermano y escribía múltiples fantasías de inagotables best-sellers. Leandro conocía a un chico del pueblo que era Youtuber y tenía siete millones de subscriptores. Pensaron que ese sujeto podría ser una buena herramienta para la nueva empresa que querían emprender. Decidieron ir a visitarle después de que finalizasen las clases, dado que en media hora comenzaban. Salgamos de aquí que se nos hace tarde-insistió Leandro. Recuerda que hoy te toca a ti limpiar.

Tal vez escuchase o tal vez no aquella obligación, pero la dulce melodía que desató la idea de ser Youtuber sí había penetrado en lo más hondo de su interior. Su hermano tampoco se libró del acorde, pensó en la cantidad de dinero que ganaría sin ni siquiera conocer ni ejecutar el oficio. Con ello ya no tendría que trabajar de cajero. Tampoco de fisioterapeuta, una carrera que estaba estudiando por decisión y no por obligación. Ya daba por hecho que le sobraría el sueldo, se compraría una casa inmensa con piscina y nunca más tendría que madrugar. Por lo visto al muchacho nunca le habían contado la fábula de la lechera. “No busques el momento perfecto. Solo busca el momento y hazlo perfecto”-de pronto dejó caer Leandro mientras salían del piso. Deja de venderme las palabras-contestó su hermano con un nuevo ánimo que se estaba originando en su interior.