Homenaje a un cuento de Poe

-Damas y caballeros me satisface vuestra compañía en estos momentos tan críticos que nuestro país está viviendo. Solo los mejores estamos aquí a salvo de ese ser que está aniquilando a toda la raza humana. ¡Un momento! Alguien toca la puerta. ¡Silencio! ¿Quién es?
-¡Por favor! ¡ayuda! ¡esa espantosa criatura me va a perforar la cabeza!
-¿Qué estudios tiene usted?
-¿Cómo?
-¿Qué estudios tiene usted? Aquí solo entran los mejores.
-Yo tengo una carrera
-¿Nada más?
-Si
-Muérase -¡No por favor! ¡Arggg!
-De nuevo alguien llama
-¡Necesito que me abráis por favor!
-¿Qué estudios tiene usted?
-Una carrera y un máster.
-¿No tiene un doctorado?
-No
-Pues muérase
-¡No por favor! ¡Arggg!
-Otra vez tocan. ¿Qué estudios tiene usted?
-Una carrera, máster y doctorado

-¿Cómo va con el inglés?
-No muy bien
-Entonces muérase
-¡No por favor! ¡Arggg!
-Otro llama a la puerta. ¿Qué tiene usted?
-Una carrera, máster, doctorado y el máximo nivel de inglés
-¿Y chino? ¿Sabe usted chino?
-No
-No me haga perder el tiempo, muérase
-¡Espere¡ ¿Usted que tiene eh?
-Poder
-Por favor! ¡Arggg!
-Bueno, parece ser que ya nadie nos va a molestar. ¡Dios mío! ¡El monstruo ha atravesado la pared y nos va a perforar la cabeza! ¡Socorro! ¡Que alguien nos ayude!¡Arggg!

 

Cuento: El bebé

El sillón resultaba un tanto incómodo para Marta, a causa de ese desgaste que ocasiona el peso de los años. Ni siquiera lo inanimado se puede librar de ello. O tal vez fuese por la irritación que se origina en el ambiente cuando simultáneamente entran en contacto la actualidad y la antigüedad en un espacio cerrado. Estaba hecho de cuero, pero del malo. Numerosas grietas desfiguraban la estética del sillón, daba la sensación de que habían sido provocadas al poco de usarlo. Aquel color marrón no podía disfrazar las fisuras. Todo lo que había al rededor de la joven no pertenecía a estos tiempos, el salón era un esclavo de los recuerdos. La ventilación tampoco correspondía a los gases cotidianos que desprende la calle. A Marta le pareció muy curioso que el tiempo tuviese olor, inhalaba el aroma del pasado. Algo positivo que podías resaltar del lugar era su amplitud. Por lo visto la edificación externa era muy astuta, sabía engañar al ojo humano.

¿Qué hacía una chica como Marta en un sitio como ese? Una joven recién graduada en psicopedagogía. Habían colocado un anuncio en una página web donde requerían la presencia de una chica para el cuidado de un bebé. De momento ese era el único trabajo lo más parecido a sus estudios que podía ejercer, por lo visto ya tenían a los mejores educadores y especialistas de la educación del país trabajando actualmente. En uno de esos instantes donde inspeccionas todo en una misera de segundos, Marta se detuvo en una foto enmarcada que había en una mesilla. La imagen mostraba a un hombre y a una mujer, muy jóvenes por cierto, incluso se podría intuir que eran más jóvenes que Marta. Ambos sostenían a un bebé. Sus facciones estaban eclipsadas por una radiante sonrisa que desprendía un afecto completamente aislado a la compresión terrenal, como si estuviesen manteniendo al niño Jesús. A Marta le dio un poco de envidia sana la imagen y no pudo evitar contagiarse de aquellas sonrisas. Usted debe ser Marta-interrumpió una voz femenina y madura que agitó el hechizo de Marta. Si soy yo-afirmó la muchacha mientras le cedía la mano a la mujer. Tome asiento por favor-comunicó la dueña del hogar mientras se ajustaba en otro sillón no más cómodo que el de Marta.

La mujer no alteraba el arte la habitación, es más, formaba parte de él. Llevaba puesto un vestido de algodón marrón que seguramente perteneció a una temporada muy lejana. El cabello era corto y coloreado de un gris cenizo. Su epidermis era flácida, muy apreciable en esos brazos al descubierto que corroboraban su avanzada edad. El silencio ahogó la sala, Marta estaba siendo examinada de arriba a abajo. Por un momento se sintió incómoda por aquella discreta observación. Los orificios visuales de la mujer comenzaron a agrandarse, provocando una sensación de desprendimiento en su invitada.

A Marta no le agradó aquel análisis tan minucioso, pero luego pensó en la lógica de la situación. La anciana debía de tener mil ojos para dejar a cargo a su nieto a una persona desconocida. ¿Por qué elegiste estudiar psicopedagogía?-preguntó la mujer sin desplazar su mirada. Siempre me ha interesado todo el tema de la educación-contestó con agilidad Marta mediante una frase que ya tenía memorizada para futuras entrevistas. Me agrada formar personas y no máquinas sin pensamiento.

Los ojos de la mujer apenas daban indicios de vida. Cada niño es diferente…-soltó mientras bajaba la mirada por la inercia de algún pensamiento. Si, pero eso es bueno, solo hay que ver sus necesidades y adaptarlas a su aprendizaje-interrumpió Marta sin darse cuenta de que sus frases no tenía ningún sentido en el contexto. Ya…-afirmó la anciana como si no hubiese oído nada. ¿Sabes cambiar un pañal?

El concepto de profesionalidad laboral se desplomó en cuanto realizó aquella pregunta. Si-contestó Marta con decepción en su voz. ¿Has trabajado con bebés entonces?-quiso saber la mujer. Si, tengo un hermano pequeño y durante un tiempo fui su niñera, también he estado trabajando de monitora en…-siguió Marta. ¿Sabes preparar un biberón?-interrumpió la anciana motivada por otros intereses. Si-contestó la chica.

De nuevo ese sentimiento de decepción recorrió todo el cuerpo de la muchacha, como una de esas brisas que se te mete en los huesos y nunca sale. ¿De donde eres?-preguntó la mujer. Soy de un pueblo, a una hora en coche para llegar a la ciudad, por eso me pillé un piso de alquiler aquí por si me salía algo relacionado con mi carrera-comunicó Marta. Contratada-comunicó la anciana con el mismo impulso que tienen algunos muñecos cuando les dan cuerda.

Juntas transitaron por un largo pasillo opresivo, adornado de numerosos marcos interminables. Mostraban a un bebé, el mismo bebé que sostenía aquel hombre y aquella mujer de la foto del salón. No habían paredes, todo era fotografías enmarcadas. Supongo que el bebé de la foto es el que tengo que cuidar-soltó Marta mientras intentaba avistar en vano todas las imágenes. Si-afirmó la anciana sin mirar a su invitada. ¿Cómo se llama?-preguntó la recién graduada. Antonio como su padre-recibió como contestación. ¿Donde está su padre?-preguntó por preguntar la chica al sentir una cierta turbación en el ambiente. Murió-soltó la mujer con frialdad.

Conforme más avanzaba Marta el entorno se transfiguraba en una imagen enloquecedora. En algunas fotografías no pudo evitar pensar en que el niño ya era mayorcito para llevar pañales. ¿Y su madre?-preguntó la muchacha en cuanto se detuvieron en una puerta. Soy yo-confirmó la anciana.

Un olor fuerte y repulsivo escapó de su prisión en cuanto se abrió la puerta. La habitación no era apta para sujetos claustrofóbicos, pero lo que le llamó a Marta la atención no era eso, sino lo que albergaba en su interior. Allí había una cuna de tamaño considerable, fuera de lo normal, que mecía a un sujeto enorme. Apenas podías desplazarte por aquel cuchitril sin rozar la cuna. Marta se fijó en el individuo; era un hombre de unos cuarenta años o más desnudo excepto la parte de la pelvis que estaba cubierta por un pañal. El sujeto estaba tumbado boca arriba y agitaba las manos y los pies sin ningún tipo de coordinación, como si de un recién nacido se tratase. ¿Hay que cambiarle el pañal?-soltó la anciana al escuchar los inquietantes lloros de su hijo que comenzó a aflorar en cuanto oyó las adulaciones de su madre.

Todo esto escapaba al entendimiento de Marta, por un momento pensó que aquel escenario era fruto de un terrible pesadilla. El repugnante aroma de la habitación la condujo a la realidad de los hechos y tuvo que retener varias arcadas en contra de su voluntad. ¿Hay que cambiarle el pañal?-volvió a soltar la mujer a la muchacha en shock.

Pretendía ver la destreza de Marta en la perturbadora tarea, aun así la muchacha no pudo reaccionar al mandato. Su mente trastocada impedía que el cuerpo respondiese. Lo siento-reaccionó con miedo por dar señales de vida. Este trabajo no es para mí.

Los lloros cesaron para dar comienzo a numerosos truenos que hacían susceptible cualquier estado de ánimo, la anciana clavó una mirada ida en la joven. ¿Por qué no es un trabajo para ti?-preguntó mediante una tonalidad de irritabilidad oculta en sus palabras. No es un niño-afirmó Marta sin pensar detenidamente en sus justificaciones debido al elevado grado de nerviosismo que poseía.

El rostro de la anciana cambió radicalmente a uno más sereno y enderezado, incluso sus ojos habían dejado de actuar bajo la supremacía de la intimidación. ¿Usted es madre?-preguntó a través de un sonido pausado pero inquietante. No-comunicó Marta mientras pensaba en la huida. Una madre es madre desde el principio hasta el final-siguió la mujer. Eso es lo que soy y nadie me lo va a quitar.

La atmósfera se desfiguraba en otra aún más tenebrosa por cada segundo que Marta pasaba en las garras de aquella vivienda. ¿No te has fijado en los niños de ahora?-siguió la voz pausada. Lo único que hacen es responder e insultar a los mayores y entre ellos mismos. Hacen bullying originando tremendas barbaries. Solo se limitan a estar enfrente de una pantalla por culpa de esos seres que se hacen llamar padres, y a saber que es lo que ven en ella porque ni siquiera hay control sobre ello. Cuando llegan a la adolescencia aún peor: beben, fuman, tienen sexo sin responsabilidad alguna, ¡incluso violan!. ¡Un chaval de trece años violando! hasta donde hemos llegado. Ese es el niño de estos tiempos, un niño totalmente corrompido por una sociedad que va degenerándose en animales irracionales promovidos por instintos y nada más. En cada generación se puede comprobar esa degeneración provocada por un germen que nosotros mismo hemos creado, y ese germen infecta a cada generación con más rapidez, pero ese patógeno infeccioso no puede afectar a los bebés. Ellos son inmunes de este y siempre lo serán. Mi hijo no está contaminado gracias a mi. A la labor de una verdadera madre.

Marta no estaba de acuerdo con aquel discurso, no era quien para meterse en la vida personal de los demás, pero tampoco podía dar la razón a alguien que intentaba ir en contra de sus creencias y estudios. Así lo único que haces es hacerle daño a tu hijo-soltó Marta. No has hecho que su desarrollo psicoevolutivo…

De repente fue interrumpida por los lloros que ascendían de volumen cada vez que sonaba la discusión. ¿Estás segura de ello?-dijo la mujer. Él nunca ha llegado a conocer la crueldad que conlleva el mero hecho de existir, no sabe lo que es la envidia, la rabia, la violencia, el egoísmo, la codicia, la mentira, todos esos elementos que comienzan a resurgir en el ser humano cada vez en edades más tempranas. Él no sufre por el hecho de existir, no como nosotros. ¿Eso me convierte en una mala madre? ¿No estoy haciendo bien mi trabajo? ¿Qué derecho tenéis los demás para decirme como debo criar a un hijo? Hay madres que tiran a sus hijos recién nacidos por el váter, o cuando crecen tienen a sus hijas encarceladas para que un hombre que se hace llamar padre las violen. Y yo que lo único que he hecho en esta vida es que no se contamine ni sufra las calamidades humanas ¿soy la mala de la película? ¿Nunca os habéis preguntado si los malos sois vosotros? ¿tanto ego tenéis? Me da igual lo que hayas estudiado, los estudios son solo palabras escritas por un a mente corrompida, y nada más.

A continuación salió de la habitación consumida por la rabia encerrando a la muchacha y al bebé de cuarenta años mínimo. Ahora que la habitación estaba cerrada los lloros no podían salir junto con aquel hedor vomitivo. Penetraron en los oídos de Marta causándole una horrible sensación de dolor, como si de un momento u otro le saliese sangre por los oídos. Golpeó la puerta, pero dicha acción resultó ser en vano. Era consciente de lo que debía de hacer para que los llantos cesasen. Dirigió su mirada hacía la enorme figura que no detenía ese contoneo de manos y piernas al aire que tanto la inquietaban, no podía evitar esa sensación de repugnancia que estaba sosteniendo su cuerpo en todo momento. Se acercó a él mediante diversas pausas y realizó la ardua tarea que en un principio se negaba a realizar. Cuando acabó los llantos cesaron, le llamó la atención su rostro apagado, débil e inocente que poseía a pesar de su verdadera edad. ¿Sabes hablar?-le preguntó Marta sin recibir respuestas salvo una magnifica mirada que solo los bebés pueden mostrar. ¿O puedes pero no te dejan hacerlo?

Pudiese o no pudiese, el hombre bebé no dijo ni una palabra. Lo más llamativo del caso para Marta fue esa mirada que desprendía el hombre, porque eso era en realidad, un hombre. Su mirada le recordaba a la de un bebé, ni siquiera vio en él esa mirada de deseo que se ve a la legua en los chicos en cuanto llegan a la adolescencia y que nunca termina. Solo había en ella inocencia y limpieza. Pero todo esto no podía verlo correcto, era totalmente contrario a sus estudios. Una persona debe desarrollarse y convertirse en un individuo adulto. Sin embargo él lo era, pero carecía del germen de la sociedad. De pronto escuchó que el cerrojo se movía y apareció la anciana en un estado de arrepentimiento. Perdón por haberte encerrado-se disculpó. Ya sabes como somos cuando crecemos. Si no quieres el trabajo puedes irte sin problemas.

Lo que pasó a continuación se puede intuir con el futuro de Marta. Ella consiguió un empleo, conoció a un chico, se casó, compraron una casa humilde y tuvieron un bebé. Lo típico que debe hacer el ser humano en este mundo gracias al dictamen que inculca una sociedad. Un día Marta quiso requerir de los servicios de una joven para que cuidase de su bebé. La primera muchacha que anhelaba el trabajo aprobó la entrevista. Cuando llegaron a la puerta donde se encontraba el bebé al otro lado la chica le preguntó a Marta: ¿Y su madre?. Marta le respondió: Soy yo.

Un cuento titulado “La melodía”

Todo ha cambiado, un sádico acontecimiento me tenía preparado nuestro titiritero al que todos llamamos destino. Nunca me han gustado los hospitales, ese clima me asfixia debido a sus garras mortuorias que comprimen el aliento de los mortales. Por culpa de un hijo de puta, porque no tiene otro nombre, he estado encarcelado en una angosta habitación al lado de un cadáver durante varios meses. Ahora que carezco de mis dos manos ya no puedo ejercer mi profesión, aquello que me hacía ser feliz, que le daba sentido a una vida de lamento y desesperación. Mis muñones actúan como señal de mi fin en esta existencia. Observo detenidamente cada rincón de mi piso y no reconozco absolutamente nada, dudo incluso del paradero de mi lecho. He de sentarme y meditar sobre mi futuro, encontrar otro sentido a la nada. Tengo dos opciones: seguir el camino hasta el final o acabarlo aquí. Lo curioso es que siempre he pensado que los caminos son infinitos, pero el ser humano no.

Pienso, luego existo. Odio esa conclusión, ¿un muerto existe? Yo estoy muerto y pienso, por lo tanto existo. Soy un muerto que no quiere vivir, que curioso. ¿Qué soy? ¿quién soy? Soy un fiambre que piensa y existe, sin embargo no quiere pensar ni existir. Eso es lo que soy, porque ya no pertenezco al mundo de los vivos.

Un momento, estoy percibiendo algo hermoso. ¡Si! ¡son unos vocablos! palabras que desprende el teclado de un piano. El instrumento está hablando, recita una agradable melodía. Que recuerdos, me da la sensación de que llevo años sin poder dar voz a un piano. ¡Pero ahora no puedo! ¡maldita sea! ¡ahora no puedo! La melodía cada vez es más fuerte, quiere hacerme daño. ¿De dónde procede? Creo que del piso de abajo. ¡Por favor cállate! ¡deja de torturarme más! Como algo tan hermoso puede convertirse en algo tan horroroso.

Por fin ha finalizado, el silencio es lo único que escucho. Ahora que recuerdo nunca lo había percibido. Es bello y cálido el sonido que desprende la afonía, es justo lo que andaba buscando. Una voz que suavice, adormezca y haga yacer mi cuerpo fétido para que nunca más se despierte de su tumba.

Contemplo la luna desde mi oscura ventana. Brilla, brilla más fuerte que nunca. ¡Maldito satélite! ¡ahora tú! ¡por qué suenas! ¡por qué haces sonar a todas esas criaturas de la noche! ¡te burlas de mí! ¡luna maldita! ilumina mi espíritu y no alumbres mi calavera.

¡Otra vez! ¡la tortuosa melodía del piano! De nuevo suena. ¡Un momento! Me resulta familiar. Esas notas, ese tacto, esa voz, ¡soy yo! ¿Como es posible? ¡Yo soy único! O por lo menos lo era. No eran mis manos lo que querías robarme, ¡mis notas! ¡mi tacto! ¡mi voz! Eso era lo que ambicionabas. ¿Ahora que tienes todo eso qué? ¿Cuál es tu siguiente movimiento? Crees que el público no se dará cuenta de que eres un fraude. Pero, ahora que lo pienso tú puedes darle voz al piano, en cambio yo no. Entonces, ¿eso me convierte en una engañosa imitación?

Ese volumen cada vez más corpulento no me deja pensar con claridad. Debo de acabar con la melodía de una vez por todas. Golpeo la puerta con el codo donde supuestamente debería estar el autor de los hechos al otro lado, no obstante nadie me contesta. La melodía es lo único que escucho a través de la puerta y soy consciente del aviso de expulsión que pretende que realice en su propiedad. Encuentro a un individuo fregando el portal donde me encuentro, debe de ser el conserje. El vecino de abajo está tocando el piano a estas horas de la noche y no me deja descansar-suelto al conserje mientras oculto mis muñones. ¿Qué vecino?-me pregunta el tipejo este. ¡El hombre que vive en esta casa! ¡la que tengo delante de mis narices! ¡no le oye!-suelto con cólera sin saber por qué. Caballero-me dice el conserje. Si mi memoria no me falla, ahí no ha vivido nadie desde hace muchísimos años. El antiguo inquilino lo asesinaron y al descubrir después de su fallecimiento las numerosas deudas que sostenía el piso fue embargado. Ahora es propiedad de un banco.

No puede ser. Si nadie vive allí como es posible que escuche una melodía desde el interior de aquella casa. ¿Cómo murió aquel hombre?-pregunto. Fue horrible-afirma el conserje. Alguien le cortó sus manos y se las hizo tragar enteras. Murió asfixiado.

El misterio está adoptando una cruel sombra que comienza a engullirme. ¿A qué se dedicaba el hombre?-pregunto de nuevo al individuo. Era carpintero-me responde.

Enseguida vuelvo a entrar en mi piso y me aseguro de que la puerta está bien cerrada. ¿Para qué? Ahora que lo pienso. ¿De quién me escondo? De la melodía, me oculto de ella, pero no puedo. Es imposible ocultarnos de aquello que puede atravesar todo lo corpóreo. Las luces, ¿por qué no hay ni una sola bombilla encendida en mi piso? Sinceramente estoy mejor así, me siento seguro con el fulgor que desprende la luna, pero por favor no vuelvas a sonar como antes.

Debo meditar para dar explicación a los hechos. ¿Qué debo meditar? Alguien está tocando mi melodía en el piso de abajo y resulta que nadie vive allí desde hace muchos años, por lo tanto hay dos opciones: estoy perdiendo la cabeza o es un fantasma. Un ser del otro mundo que quiere mofarse de mi. ¿Pero por qué? Que sentido tiene tal burla hacia mi persona. ¿Y cómo puede ser que un espíritu pueda dar voz a un piano del mismo modo que yo?

¡Maldita sea! Me oye, escucha mis pensamientos. Está aumentando la potencia de la melodía con ironía. Siempre he pensado que no hay vida después de la muerte, en cambio ahora me estoy dando cuenta de que no existe la parca. Todo eso es una invención, un invento para dar explicación a aquello que no podemos divisar.

Me estoy desviando del asunto, no puedo evitarlo, estoy aprendiendo tanto. Antes no pensaba, solo actuaba, me guiaba por los deseos y las obligaciones. Ahora que esos deseos y obligaciones han desaparecido por completo solo me queda el pensamiento. Tengo que hacer salir a algún vecino para que escuche la melodía, de esa manera confirmaré mi cordura. Salgo de mi piso, ¿la puerta no estaba cerrada? Da igual, no es momento para pensar en ello. Golpeo la puerta de enfrente con el codo y me responde una ruda voz femenina. ¿Qué quieres?-me pregunta estúpidamente una mujer hermosa. Mi vecino de abajo está tocando el piano y no me deja descansar-le informo. Me dice el conserje que allí no vive nadie desde hace años…

De repente mis palabras son interrumpidas por la hermosa mujer. ¿Qué conserje?-me pregunta extrañada. Aquí no hay ningún conserje. Solo somos cuatro vecinos incluyéndole a usted y nadie más. Y sí, el vecino de abajo toca el piano porque es músico.

¡Ahora hay otro fantasma distinto! ¡que burla es esta! ¿por qué? ¿por qué yo? acaso te hace mucha gracia torturar a los mortales. No te das cuenta de que soy como tú, ¿acaso no lo ves? Dejé de vivir mi mundo en cuanto me arrebataron el sentido de este, ahora estoy en el tuyo. Respiro lo que aspiras, toco lo que palpas y observo lo que contemplas. Estás haciéndole daño a uno que comparte tus mismas penalidades. El hombre de la fregona me mintió, ¿por qué? ¿quién es? La hermosa mujer dijo que eramos cuatro vecinos incluyéndome a mi. Me falta un vecino con quien hablar, tengo que hacerlo para averiguar si conoce la identidad del mentiroso. Golpeo la puerta y percibo unos pasos diminutos al otro lado. ¡Es una niña! Tendrá unos ocho años aproximadamente. ¿Está tu mamá o tu papá?-le pregunto con tono dulce e irreconocible.

La niña duda en responder, hace bien, nunca hay que fiarse de los desconocidos. No-me responde. ¿Sabes cuando estarán?-le pregunto mientras discurro en la irresponsabilidad de sus padres por dejar a una niña tan pequeña sola en casa. No lo sé, hace mucho tiempo que les estoy esperando-me contesta. ¿Mucho tiempo? ¿desde cuando?-quiero saber con desesperación. Desde que ocurrió lo del incendio-suelta la muchacha.

¡El desconocido! ¡ese maldito mentiroso! Está subiendo al piso de arriba. ¡Eh tú! ¡Eh!-le grito pero no detiene sus ágiles pasos.

¡Se ha metido en mi casa! No puedo coger nada para asestarle, soy un puto inútil. ¡Ahí está! Sentado en mi sillón como si fuese suyo. ¿Me has engañado?-le suelto bruscamente. ¿Yo?-afirma consternado y extrañado por mi presencia en mi piso. Si, me dijiste que ahí no vivía nadie y resulta que vive un músico que toca el piano y no un carpintero-le suelto. Allí vivía un carpintero-vuelve a afirmar. Ese hombre tenía como hobby tocar el piano pero no era músico. A lo mejor querría serlo en un futuro vete a saber. Si han vendido la casa y allí está actualmente viviendo un músico no es asunto mio. No tengo porque estar atento a todo lo que ocurra en este edificio.

¿Cómo es posible que alguien no se entere de la presencia de un músico? Sus notas, su voz, es imposible no escuchar. Lárguese de mi casa-me ordena el individuo. Estoy harto de que se me cuelen aquí personas ajenas.

Estoy en el portal. No entiendo nada, la melodía suena y la niebla que está trastornando mi mente es cada vez más tenebrosa. ¡Estoy hasta los cojones! Golpeo con furia la puerta donde supuestamente vive el músico al otro lado sin recibir ninguna contestación. ¡Mi voz! ¡me has robado mi voz! Lo tuyo es mio, no puedes glorificarte de mis hazañas, engañar al mundo de algo que no es tuyo. ¡No es justo! ¿Quién te da derecho a robarme? Desgraciadamente no puedo demostrar al mundo quien es el mentiroso porque no tengo manos. ¿Y si el farsante soy yo porque perdí mi oportunidad de dar a conocer mi voz?

La melodía cesa y un hombre abre la puerta. ¡No me ve! A pasado de mi como si nada fuera. Le sigo y bajo hacia el portal de la entrada del edificio donde lo veo hablando con otro individuo. Haces bien en irte de aquí-suelta el hombre. Si, aquí no me quedo más-afirma el músico. Ahora que tengo una gira no necesito esta casa. No hay vecinos, estoy aquí solo y las pocas personas que han intentado vivir aquí se han ido porque dicen que está embrujado el edificio.

El otro hombre expulsa una expresión socarrona por la falta de credibilidad que parece sostener por todo aquello relacionado con lo paranormal. El edificio se incendió, a lo mejor están aquí las almas de los antiguos inquilinos-suelta sin despojar su tono sarcástico.

Se despiden y yo sigo al músico. Entro en su casa y comienzo a reconocer todo su contenido. Ahora recuerdo. Me detengo en un punto concreto, y observo el piano que construí con mis propias manos.

piano-690381_960_720

Otra curiosidad escrita…

Lo que nos espera después de la muerte es un gran misterio. Curiosamente tres sujetos, que más dará el sexo, murieron el mismo día y en el mismo instante. Todo muy exacto ¿verdad? Pero la exactitud no existe. Los tres tenían que decidir cuál fue el primero en morir para así conducirles en orden vete a saber a dónde, no puedo llegar a tanto, lo siento. Para ello comenzaron a contar sus sucesos. El primer esqueleto dijo: en verdad no puedo quejarme de la vida que he llevado, he conseguido todo lo que me he propuesto. Una casa enorme a las afueras, tres hijos, una pareja maravillosa y un trabajo espectacular que nos proporcionaba una gran cantidad de dinero ¿Qué más puede pedir uno? Pero un día, el día de mi cumpleaños exactamente, al poco de tomar la tarta que con mucho amor me hizo mi pareja fallecí, lo último que recuerdo es que el sol ya se había escondido de mi. El segundo esqueleto dijo: yo no he tenido una vida tan lujosa como la tuya, pero tampoco me puedo quejar. Me he casado, he tenido hijos, he vivido en una casa decente y mi trabajo no es que fuese de lo mejorcito pero nos daba lo suficiente para poder vivir sin preocupaciones. Da la casualidad que yo también fallecí en mi cumpleaños y al poco de comer la tarta, cuando el sol ya se había escondido de mi. El último esqueleto dijo: yo también he llegado a casarme, tener hijos, una casa y un trabajo, si me preguntas si era eso lo que quería en mi vida os diré que no. Mi sueño siempre ha sido ser escritor, escribir era lo único que le daba sentido a mi vida. Tuve que dejarlo, mi pareja no me apoyaba en ello, me decía que eso era una perdida de tiempo, que sólo triunfan uno de cada mil y ser escritor era sinónimo de pasar hambre. Para no discutir más tuve que trabajar en el primer empleo que me salió, ni siquiera era uno relacionado con mi carrera. Compramos una casa que apenas me gustaba todo para que se callara esa voz que nunca paraba. Tuvimos hijos cuando quiso, me amenazaba con abandonarme si no se los daba. Al final conseguí la vida que mi acompañante quiso y fallecí el día de mi cumpleaños, al poco de probar la tarta, cuando el sol ya se había escondido de mi. Está claro quién murió antes ¿Verdad?

skeletons-1617539_960_720

El contenido de una carta

                                                                                                                    El 6 de Junio de 6666

Queridos mamá y papá:

Mi hermana y yo estamos muy bien en casa de nuestros abuelos, no nos podemos quejar. Siempre vemos el sol y de momento no hemos visto pasar ni una sola nube. Se nota mucho el aire que se respira aquí con respecto al de la ciudad, nuestros pulmones nos lo agradecen. Todos los días salimos a caminar por la enorme huerta para recoger una multitud de tomates que nunca se acaba. Nos encanta recogerlos, pero a veces se nos hace un poquito pesado. La abuela nos ha hecho un rico pastel de chocolate hace unos días y estaba riquísimo, nunca habíamos probado un pastel así. Le pedimos la receta, pero nos dice que es secreta. Cuantos secretos hay en esta familia. Bueno, no me quiero desviar del tema. El abuelo nos ha enseñado a cultivar lechugas, zanahorias, guisantes y esa cosa que nos da tanto asco… ¡Espinacas! ¡qué asco! Nala suele juguetear por el terreno, aunque hace unos días que no la vemos. Mejor para nosotras, no nos gusta esa maldita perra. Bueno, dejemos está gilipollez de una vez. Ya sabemos que intentáis buscar un internado para separarnos a mi hermana y a mí, por lo visto no nos portamos debidamente cuando estamos juntas según decís vosotros y todos esos adultos que tanto creen saber de todo. Esa es una de las grandes razones por las cuales nunca queremos llegar a ser adultas, no queremos que la mente se nos cierre. Para vuestra información nunca nos vais a separar porque compartimos la misma sangre y eso es algo que nadie puede disfrazar. No os preocupéis por los abuelos, están bien, no temáis por ellos. Nuestro abuelo está día y noche asegurándose que ningún maldito bicho volador se coma el huerto, DÍA Y NOCHE. Como nos nos quiso decir la receta del pastel hemos hecho el mejor pastel que existe en el mundo nosotras dos gracias a la abuela que nos ha inspirado a hacerlo, SE LO DEBEMOS TODO A ELLA. Os mando una foto para que os quedéis más tranquilos de nuestro estado.

Atentamente vuestras queridas hijas que tanto amáis y que esperan vuestra llegada con los brazos abiertos 🙂

PD: Ya sabéis como es MI hermana que por alguna extraña razón no le gusta mostrar su cara en las fotos.

hqdefault
Imagen extraída en: https://www.google.es/search?q=hermanas+terror&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwis5by83_7cAhUQyxoKHUuQAPUQ_AUICigB&biw=1600&bih=794#imgdii=X0–1pZy7Rib8M:&imgrc=GGWx_lhuEI7geM

Otro curioso escrito…

Hace poco falleció mi padre. La única persona junto con mi madre que se ha preocupado por mi bienestar. El otro día fui a visitar su tumba, pero me llevé una dolorosa sorpresa. Allí habían tres tumbas, por lo cual no supe distinguir la tumba de mi padre. Yo conocía a mi padre, pero en esta ocasión no podía reconocerlo. Algo no iba bien, nunca tuve problemas para ello. Intenté recordar algún detalle de su tumba, aún así eran completamente idénticas y no pude distinguirla. Me puse muy nervioso, me sentía mal conmigo mismo, ya que no sabía reconocer a mi padre. Pregunté a un sepulturero que avisté por casualidad y sus palabras se introdujeron cómo un aguijón en mi alma: cómo voy a saberlo, no es mi padre. Estaba cansado y desesperado, agotado y decepcionado conmigo mismo. De repente emergió una mujer junto con un bebé en sus brazos que colocó una flor en una de las tumbas. ¿De quién es esa tumba?-le pregunté. De mi marido-soltó aquella mujer. Lo siento, ¿Cómo se llamaba su marido?-seguí. Carlos-me contestó. Al poco de contestarme se fue, en cambio yo me quedé para seguir intentando reconocer a mi padre. Carlos…-pensé. Que casualidad, se llama como mi padre.

sunrise-426085_960_720

Solo soy algo que escribe…

No todo el mundo cree en Owlman, ni siquiera los que lo han visto. Curioso, ¿cómo no podemos creer en lo que vemos? Aunque parezca extraño es muy común. Dos niñas vieron a este ser, ¿quién va a creer en imaginaciónes tan prematuras? Lo que ven los infantes no cuenta, solo la visión adulta es la verdadera, ¿entonces eso quiere decir que los niños y los adultos no convivimos en un mismo mundo? Si ese es el caso, si poseemos diferentes mundos, ¿cómo podemos afirmar cuál es el verdadero y cuál es el falso? Yo he visto cosas, cosas que me hacen creer y me hacen dudar, es ahí cuando me pregunto ¿cuál es el mundo en el que estoy viviendo? Sea el que sea me tiene que dar igual porque los mundos son infinitos y la verdad no existe, solo existe TÚ verdad. Puedes creer en Owlman o no, o en el testimonio de las niñas, da igual, pero ten en cuenta que tal vez tú no formes parte de sus mundos y eso te convierte en algo inexistente para ellos. Por lo tanto eres como ellos, una simple mentira. ¿Y yo que soy? Pues otra más, así que no me creas y vive tu propia mentira porque como ya te he dicho  no existe la verdad, aunque puedo sentirla cuando ese hombre con esa máscara de búho y con esas garras oxidadas tortura a mi hermana en el sótano sin parar, pero quién me va a creer si solo soy una niña y no soy real…