Capítulo 1

“Todo es posible en la medida que tú creas que es posible”, “Un ganador es un perdedor que nunca se da por vencido”, “No existe camino fácil ni atajos, solo trabaja duro y lograrás tus objetivos”, “El dolor de hoy, mañana será tu fuerza”… estas son algunas de las frases motivadoras que le ofreció Leandro a su hermano Nathan desde la célebre fuente de transmisión del conocimiento. Aquel joven, retrato de una colectividad de mocedades precipitadas, necesitaba un motivo para seguir el pedregoso camino de su existencia. Le resultó ingenioso ese ligamento que sostenían las proposiciones con respecto a esa nueva moda llamada “Fitness”, con ello comprendió que gracias al poder intrínseco de las palabras se puede lograr grandes negocios sin la necesidad de los dogmas. Respetaba ese estilo de vida y lo veía necesario para la salud, pero no respetaba las falsas expectativas que provocaban esos sujetos que se lucran de esa ignorancia que cree en lo imposible.

La verdadera motivación que esgrimía en el ánimo de Nathan eran los dos meses que quedaban para finalizar la carrera, un anhelado final donde se oculta el verdadero génesis. Cursaba Magisterio Primaria, aquel grado tan burlado por esas razas de intelectos superiores que en breves cambiarán el mundo, ese mismo mundo que Platón, Góngora, Descartes, Julio Verne y Nietzsche habían vivido. A este paso no habrá universo suficiente para tantos cambios. Reconocía que su carrera no era difícil, de tantas que hay alguna debe de serla y si magisterio no estuviese a otra se le achacaría la misma fama. No opinaba de los demás estudios porque solo vivía en uno, declarar afirmaciones sobre las vivencias ajenas no era lo suyo. En todos estos años cursados no había aprendido nada, eso le provocaba una frustración constante. Los docentes no le enseñaban el modo de enseñar a un niño, aunque Nathan sostenía la idea de que no existen leyes universales para ello. El ser humano no es una máquina que responde siempre ante un mismo patrón, cada sujeto pertenece a un mundo y para enseñar debes ser invitado a ese cosmos. También hay que ser realista, no puedes pensar que todo el mundo aprenderá gracias a tu don ilusorio. Debes conformarte con la conciencia del intento y aprender de ello. Además, veía incomprensible como varios de los docentes de su universidad daban clases en la facultad de educación sin haber pisado nunca un aula de primaria, como si un “político” te enseñase a solucionar un país sin haber solucionado el suyo “propio”. Como si un desconocido te diese instrucciones para atravesar ese espeluznante camino que nadie se ha atrevido a penetrar incluyendo al extranjero, tan típico en el imaginario de lo maravilloso. ¡Aún te encuentras sumergido en tus reflexiones!-soltó Leandro a su hermano con la descarada tentativa de hacerle volver al mundo de los vivos.

Su cuerpo estaba echado en su lecho, abatido por el vacío, pero su mente se encontraba alejada de toda materialidad. No podía dejar de pensar en su futuro, en aquella variedad de posibles acontecimientos que le podían suceder después de acabar la carrera. Sin embargo conocía la farsa de la contingencia. Sus expectativas en la búsqueda de empleo eran endebles y la hipocresía de su materia conexa a lo cotidiano no estaban a favor de aquellos mohínos pensamientos.

Leandro en cambio opinaba que la vida era una caja de sorpresas, que nunca sabes que contenido oculto te tiene reservado para ti. Puedes acabar una carrera y tener suerte de encontrar rápidamente un trabajo o puede ocurrirte todo lo contrario. Las áreas que son sinónimas del dinero son las que te proporcionan empleo en el actual mercado laboral. ¿Solo actual? El dogma es muy importante en estos casos, debes convertirte en su mejor amigo. No obstante habían más cuestiones que roían en la mente de su hermano, también el sentido del Todo le punzaba en el interior de su alma. Ese Gran Hermano que profetizó George Orwen le ardía constantemente, quería alejarse de ese gobierno imperceptible, pero era consciente de que esos pensamientos eran bagas ilusiones. Ya es demasiado tarde. El objetivo de esos espejismos que reflejan la autoridad y la libertad consiste en crear trabajadores, nunca emprendedores. Eliminándoles paulatinamente el microbio común llamado razonamiento. Contéstame a una pregunta-emitió Nathan una vez que había vuelto de su místico viaje.

Su hermano le observó con cierto recelo a la espera de aquellas interrogantes palabras. ¿Sabrías curar una tendinitis?-soltó sin ninguna vacilación bajo una expresión en su rostro que mostraba el resultado de la respuesta.

La negativa que recibió aquel curioso provocó en él una pequeña sonrisa como resultado de una confirmación ante una respuesta que ya conocía. En dos meses Leandro acabaría la carrera de Fisioterapia y durante cuatro años de ampliación de conocimientos no sabía como tratar una tendinitis. Algo estaba fallando. Tampoco tenía muchas expectativas para su futuro laboral una vez finalizada la carrera, sabía disimular ese ánimo, ya que a diferencia de su hermano él sigue la doctrina de Horacio con su Carpe diem. Se percató del propósito de Nathan con aquella pregunta y por esa razón comenzó a plantearse nuevas opciones de manutención. Gran parte de la independencia de los muchachos se sustentaba con el sueldo que ganaba Leandro como cajero en un supermercado los fines de semana, aunque en muchas ocasiones pedía horas extras a pesar del tiempo que le quitaba a sus estudios.

Cuando Nathan cumplió dieciocho años y Leandro veinte no dudaron en mudarse a una nueva vivienda. Tenían planeado la emancipación en cuanto Nathan llegase a la edad adulta para cumplir con el objetivo del aislamiento familiar. Aunque parezca cruel ese convenio, toda acción y decisión son fruto de una causa, motivos que solo ellos comprenden. Los padres se mantuvieron indiferentes en la separación y no mostraron ninguna aptitud de afecto hacia sus hijos. Estaba claro que aquellas personas fueron padres, si se puede decir que alguna vez lo fueron, debido a las “leyes” de la sociedad.

De pronto el hermano mayor se levantó de la silla impulsado por el vigor de una disparatada idea para asegurarse el pan de cada día, Nathan abrió los ojos interesadamente pero con pocas esperanzas. Ser Youtubers es la solución, nuestro plan b-soltó Leandro la bomba con tono triunfante.

Nathan se sumergió una vez más en modernas reflexiones, pensó que el trabajo de Youtuber implicaba la autonomía, el no ser esclavo de nadie, un trabajo que rompía aquellos grilletes que dictamina una vida en sociedad y con ello quebrar la monotonía de la existencia. Su expresión contestaba la sugerencia de su hermano y escribía múltiples fantasías de inagotables best-sellers. Leandro conocía a un chico del pueblo que era Youtuber y tenía siete millones de subscriptores. Pensaron que ese sujeto podría ser una buena herramienta para la nueva empresa que querían emprender. Decidieron ir a visitarle después de que finalizasen las clases, dado que en media hora comenzaban. Salgamos de aquí que se nos hace tarde-insistió Leandro. Recuerda que hoy te toca a ti limpiar.

Tal vez escuchase o tal vez no aquella obligación, pero la dulce melodía que desató la idea de ser Youtuber sí había penetrado en lo más hondo de su interior. Su hermano tampoco se libró del acorde, pensó en la cantidad de dinero que ganaría sin ni siquiera conocer ni ejecutar el oficio. Con ello ya no tendría que trabajar de cajero. Tampoco de fisioterapeuta, una carrera que estaba estudiando por decisión y no por obligación. Ya daba por hecho que le sobraría el sueldo, se compraría una casa inmensa con piscina y nunca más tendría que madrugar. Por lo visto al muchacho nunca le habían contado la fábula de la lechera. “No busques el momento perfecto. Solo busca el momento y hazlo perfecto”-de pronto dejó caer Leandro mientras salían del piso. Deja de venderme las palabras-contestó su hermano con un nuevo ánimo que se estaba originando en su interior.